
La calle de
Esta actividad era febril en el mes de Octubre, tanto más cuanto más próxima era la llegada de los navíos que habían de transportar la mercancía.Los frutos procedían principalmente de
La faena ocupaba a cientos de mujeres, que se afanaban en jornadas interminables en aquellos almacenes, para culminar el trabajo de selección y confección de los típicos paquetes triangulares de hasta 5 coronas (las de mejor calidad), pues los barcos no podían esperar.
Uno de aquellos almacenes, el de “The Malaga Fruit & Wines Co.Ltd.” era conocido por la escasa moral de sus propietarios, que se jactaban de someter a sus empleadas a toda clase de vejaciones.
El patriarca de la familia propietaria, Don Bernardo, oriundo de Escocia, Cónsul en Málaga de su graciosa Majestad británica, decía en su chapurreado español con acento mitad anglosajón, mitad malagueño, “yo, donde pongo el ojo pongo la bala”.
La bala se dirigía en esta ocasión a María Victoria, una perchelera agraciada y menudita, que con su jornal que guardaba hasta el último céntimo, preparaba el ajuar para su próxima boda con Sebastián, un pescador vecino suyo.
Don Bernardo solía obsequiar a sus víctimas con ropa interior, que adquiría indefectiblemente en “
Aquel día Don Bernardo había bebido demasiado whisky y tenía la lengua un poco suelta. Alguien le oyó en el comercio fanfarronear de sus conquistas mencionando el nombre de María Victoria.
También alguien avisó a Sebastián.
Al día siguiente el almacén estaba cerrado y una pareja de
Dentro yacían en un charco de sangre los cuerpos de María Victoria y Don Bernardo.
De Sebastián nunca más se supo, aunque los pescadores que faenaban en el Mar de Alborán y a veces tocaban en puertos del Mediterráneo marroquíes o argelinos, aseguraban haberlo visto, con atuendo árabe, en el puerto pesquero de Orán.
Los jueces archivaron el caso.
LA ZUBIA, DICIEMBRE 2007


No sé si el parentesco cercano invalida una crítica literaria pero me han encantado los cuentos, en especial las ambientaciones. Enhorabuena!!